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Un cuento muy especial

Actualizado: 15 jul 2023

Hoy, te traigo un cuento muy lindo que leí de la escritora argentina Graciela Surdá y me pareció perfecto para compartirte en esta época navideña.


La ciudad de los zapatos


En un rincón de Estambul, un viejo artesano confeccionaba los zapatos para la familia real. Elegantes y cómodos, de seda o de finos cueros, les agregaba piedras preciosas y perlas. Llegaban del palacio los más exquisitos materiales. Las hijas del zapatero ordenaban el taller y distribuían minuciosamente el orden de los pedidos, moldes y medidas.


La hija menor no tenía edad para trabajar y mucho menos para tocar los zapatos. Por la noche, en un rincón de la zapatería, la pequeña comenzó a diseñar unas zapatillas livianas, hechas con los recortes de tela y algunas perlas sacadas a escondidas. Bordaba las capelladas y guardaba cada par en una bolsa, sus producciones eran para los pobladores.


El zapatero se enfermó, las hijas mayores se ocuparon de todo. Un error en la entrega llevó los zapatos hechos con recortes al palacio. Ese día el sultán visitó la casa del zapatero, quería saber qué había cambiado, para que sus zapatos calzaran tan bien. Mientras su padre se levantaba para atenderlo, las hijas le mostraron el lugar; el zapatero se sorprendió al escuchar tantos elogios. Los zapatos que llevaba puestos el sultán no habían sido confeccionados por el viejo artesano, padre e hijas se miraban confundidos.


La niña, orgullosa de su trabajo y para evitar las consecuencias de una mentira, contó que había bordado una virtud en las capelladas de cada par, para que quienes usaran sus creaciones actuaran de acuerdo a los designios de sus calzados.


El sultán lejos de enojarse, como lo hacía a diario, quiso saber y buscó en sus zapatos, descubrió la palabra "Bondad" bordada con hilos de plata. Se dio cuenta que había tomado sabias decisiones la mañana en la que estrenó ese par. El artesano estaba mudo esperando la sentencia de su majestad, pensaba en las miserias que le esperaban a su familia y en el castigo que recibiría su hija. Las hermanas mayores miraban a la pequeña con rabia y sorpresa, no podían creer que cometiera un acto creativo tan original como temerario. El sultán le pidió a la niña que le eligiera otro par, ella, luego de pensar un momento, le entregó unas abarcas azules, el bordado era "Generosidad", cuando él las calzó, se sintió mejor que nunca y le pidió al artesano que trasladara su taller al palacio.


La astucia de la hija los había salvado de lo peor. La iniciativa superó la desconfianza de todos los asesores del sultán a medida que cambiaban sus calzados. La fama de la zapatería del castillo se extendió. El poblado, ya no era un pequeño rincón de Estambul, se había convertido en la Ciudad de los zapatos. Las palabras bordadas tenían efectos mágicos, fue así como Humildad, Tolerancia y Paciencia eran las más elegidas por las mujeres para obsequiar a sus esposos. Para los hijos los pedidos incluían Prudencia, Tenacidad y Valentía. Los hombres desconfiaban de la seriedad del rumor pero, por las dudas, compraban para sus esposas los pares bordados con Alegría, Ternura y Lealtad.


La pequeña hija del artesano es la que le da a esos zapatos un toque secreto. Sin que nadie lo descubra, agrega con un hilo casi invisible la palabra Amor. Sabe que en poco tiempo, sus abarcas superarán los límites de la ciudad y todos podremos caminar en un mundo mejor.


Graciela Surdá

Buenos Aires, Argentina

Diciembre 2020




Abarca: Calzado de cuero o de caucho que cubre solo la planta de los pies y se asegura con cuerdas o correas sobre el empeine y el tobillo.




Dibujo de Aldo Tonelli para Elisabetta